Alergia a los ácaros

El tipo ni quisiera me conoce, alguien le habló de mi color y se irritó su rancio horizonte monocromo, pero no sabe nada de mi alergia a los ácaros, esos que, irreductibles, se hacen fuertes en el último rincón de la triste madriguera donde, cada mañana a las seis, este padre de familia se gana el pan….o lo intenta….entre estornudos y ganas de salir corriendo del inmundo lugar que pende de despachos como el suyo, tan amplios y luminosos como su desvergüenza.

El tipo ni siquiera me conoce, pero se empeña en robar el pan de mis hijos desde hace ya demasiado tiempo y, mientras él busca excusas surrealistas para endosarme sus miserias, yo salgo a respirar cada día, con la esperanza de que todo acabará en su lugar más temprano que tarde, y la certeza de que no incliné mi calva ante su estúpida arrogancia de incompetente perpétuo.

El tipo que no me conoce no sabe que, por edad, bien podría ser mi padre, sólo por edad, porque más quisiera el tipo que no me conoce ver de cerca la suela del zapato de mi padre y que sus hijos hubieran nacido hijos de mi padre.

El tipo que no me conoce es de esos que no miran a los ojos, esos que sólo son valientes tras sus puertas blindadas por súbditos sumisos y sus cargos rimbombantes, estómagos agradecidos, asignados a dedo, como lacra final de una especie, la de los miserables seres primitivos que alimentan su día a día con el sufrimiento ajeno pisando lo que tengan que pisar para dejar su culo a salvo de la quema.

El tipo no me conoce y por eso, imagino que no imagina el daño infligido, imagino que no tiene tiempo para pensar en mis hijos, sabrá Dios, su Dios, si acaso piensa alguna vez en los suyos y el ejemplo que les deja.

El tipo que no me conoce ya me va conociendo, vino a buscarme creyéndose invencible y me encontró de frente y con la cabeza alta, como él no acostumbra, destrozó mi cotidiana realidad para disimular todo lo que no es y ya debe saber bien que no pienso ponérselo fácil, por eso se hace el fuerte, como los ácaros en el lugar donde me gano el pan de mis hijos. Como las ratas en su madriguera.